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El dato lo proporcionó hace algo más de un año la Organización Mundial de la Salud al dar a conocer el resultado de las investigaciones llevadas a cabo en Kenia, Uganda y Sudáfrica sobre la utilidad que esta práctica tiene para proteger a los hombres frente al virus del sida (VIH).
El trabajo reveló que la circuncisión supone un plus de protección del 60% frente a las infecciones de transmisión sexual para los varones heterosexuales. No se benefician de esta ventaja ni los hombres con prácticas homosexuales, ni las mujeres que tengan relaciones sexuales desprotegidas con chicos circuncidados.
Después de analizar a 10.000 hombres intervenidos, los científicos llegaron a la conclusión de que existen, al menos, dos razones que explican por qué esto es así. El prepucio alberga en el esmegma células muy concretas que parecen ser objetivo directo del virus de la inmunodeficiencia humana. La pérdida de sensibilidad que sufre la punta del pene a causa de la cirugía lo protege, además, frente a las infecciones por el menor riesgo de sangrado.
«La circuncisión no es una vacuna contra el sida», recuerda Miguel Unda. El consejo de la OMS se limita a su uso como una medida profiláctica más contra el VIH, unida a otras formas de prevención y a las terapias en los países con altos índices de casos por relaciones heterosexuales.
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