El mismo perfume huele de una determinada forma en cada persona, influye la cantidad de agua que se tienen en la epidermis, la temperatura corporal, la secreción sebácea, y el PH de la piel. Existen diversas versiones populares donde se indica que un perfume no tiene suficiente fijador, esa es una falacia, debido a que lo que puede determinar el buen funcionamiento de un producto no es el fijador, serà el nivel de acidez de la piel del usuario.
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A primera hora de la mañana, las facultades olfativas están más sensibles, es la mejor hora para ir en busca del perfume. Ese día es mejor no utilizar ningún perfume para evitar las mezclas o cualquier otra referencia olfativa.
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No es aconsejable probar más de tres perfumes, después de oler cuatro o cinco fragancias se pierde el olfato y lo más probable es que se confundan los aromas.
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Jamás se debe oler el perfume directamente del envase, es preferible olerlo en la distancia. El mejor método es vaporizar un poco en el aire y oler y sentir el desarrollo de la fragancia. Si se quiere probar en la piel, las muñecas es el lugar idóneo. No frote una muñeca contra la otra, destruye la estructura de la fragancia y se evapora antes.
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No se debe caer en el error de elegir un perfume porque le guste como huela en otra persona, la química personal lo transforma.
Cuando sienta que un aroma se funde en la piel, armoniza con los sentidos y se adapta a la personalidad, en ese momento sólo cómprelo.
HISTORIA DE LOS PERFUMES
Francia pasa a ser el imperio de los perfumes. Los guanteros fueron los encargados de venderlos junto a los guantes perfumados que les llegaban del sur de España donde los moros habían introducido la industria de la piel de cabritilla perfumada.
Más adelantes se instalan los primeros minúsculos laboratorios de perfumistas en el que cada uno, en principio elabora y vende sus preparados aromáticos para su clientela, según sus gustos y referencias. Eran unos perfumes hechos a medida para una clientela de gente noble y adinerada, pero poco a poco el consumo de aguas de olor se va extendiendo. Las cortes de los reyes de Francia, en particular las de Luis XIV y Luis XV se convierten en grandes consumidores de esencias, un poco obligados, porqué, a pesar de la elegancia de sus vestidos y de sus pelucas empolvadas, y la fastuosidad de sus fiestas versallescas, el olor de los perfumes, era necesario para disimular la falta de higiene y los malos olores generales de la época.
Durante la revolución francesa se paralizó el mercado de la perfumería, pero la guillotina, que hizo rodar las cabezas perfumadas de la nobleza, dio nombre a un nuevo aroma que se puso de moda; un único perfume denominado "Guillotine" cuya procedencia de desconoce se vendía entre las revolucionarias y "sans culotte" hasta que poco después las aguas volvieron a sui cauce.
Con la subida al trono de Napoleón gran aficionado a los aromas, comenzó una nueva era para los perfumes. A partir de entonces los perfumistas, que hacía poco que habían pasado de simples artesanos a pequeños industriales, dieron el gran impulso que, con el tiempo, convertiría la perfumería en una industria que, en todo el mundo desarrollado, mantiene una dinámica extraordinaria, mueve cantidades astronómicas de dinero y da trabajo -desde los que investigan en los grandes laboratorios, hasta los que venden los productos-, a centenares de miles de personas en todo el mundo.
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