Ha surgido una seria preocupación para la que todavía no hay respuesta: la ausencia de conocimientos sobre los posibles efectos de la tecnología WiFi en la salud.
Ha surgido una seria preocupación para la que todavía no hay respuesta: la ausencia de conocimientos sobre los posibles efectos de la tecnología WiFi en la salud.
Según William Stewart, que preside la Agencia de Protección Sanitaria de Gran Bretaña y ha dirigido la investigación del gobierno británico sobre los efectos de los teléfonos celulares en el organismo humano, hay que tener la misma actitud precautoria que adoptamos ante los teléfonos celulares.
Las redes WiFi emiten radiación, al igual que los teléfonos celulares y las torres de telefonía celular. Una reciente investigación de la cadena británica BBC encontró que los niveles de radiación en un salón de clases de una escuela en Inglaterra eran tres veces más altos que los niveles de radiación emitidos por una torre de telefonía celular, si bien estaban por debajo de los niveles considerados seguros en ese país.
Se sabe que la exposición a las emisiones WiFi a menudo es muy pequeña, porque los transmisores son de escasa potencia y además están localizados a cierta distancia del cuerpo.
Aunque los equipos “wifiados” -como se dice en la jerga informática- también pueden situarse más cerca del usuario, como cuando se coloca una computadora portátil sobre las piernas, una práctica muy común entre los adolescentes y jóvenes.
Hasta ahora, no se ha demostrado que la WiFi sea perjudicial ni tampoco inofensiva, porque los estudios científicos ofrecen conclusiones contradictorias.
El doctor Lawrie Challis, de la Universidad de Nottingham, en el Reino Unido, calificó de "improbables" los posibles daños a la salud relacionados el wi-fi y, y el experto en física médica Malcolm Sperrin, aseguró que la intensidad de las ondas de ese sistema es "muy baja, 100 mil veces inferior a las que genera un microondas", al ser entrevistados por la BBC.
Hasta que se aclare el asunto, algunos expertos como el profesor Henry Lai, de la Universidad Estatal de Washington, aconsejan tomar unas precauciones, como limitar las horas de exposición de los niños a la tecnología inalámbrica y animarles a que utilicen sus portátiles sobre una mesa, si van a conectarse mucho tiempo.
Ello se debe a que los pequeños son más vulnerables que los adultos a las emisiones de radiofrecuencia. |