Y para mi fortuna, volví a recordar con humildad lo que algún día aprendí: Y entonces, mientras continuaba mi camino, agradecí a mi creador por recordármelo y entonces pensé "éste será un buen día", "voy a vender porque mi éxito no depende del clima o las circunstancias", "mis negocios son buenos porque Dios está conmigo" y pedí a Dios que bendijera mi trabajo. ¿Sabes que ocurrió? Lógico. Hice un par de buenas ventas ese día. Dentro de mí, recordaba con asombro lo que en la soledad de mi auto había ocurrido y pensé para mis adentros: Jamás debo olvidar que el mas grande secreto del éxito es encomendar mis negocios, mi trabajo y mis caminos a Dios.Una mañana me levante como de costumbre y salí hacia mi turno de ventas como usualmente lo hacía los fines de semana.
Mi trabajo como asesor de ventas de terrenos era muy bueno pero este día en especial tenía algo distinto: estaba muy nublado, casi lloviendo, las calles estaban desoladas por el frío y de pronto mientras conducía mi auto pensé: "este no parece ser un buen día... ¿quién querrá salir de su casa hoy para ir a ver un terreno?", "seguramente no lograré mucho hoy", "debí quedarme en casa y dormir otro poco".
Estos pensamientos invadían mi mente y ahogaban lentamente mi entusiasmo y mi energía. Realmente tenía deseos de dar la vuelta y regresar.
Sin embargo, en un instante fortuito un pensamiento transformador cruzo mi mente y medité: "¿Desde cuándo mis ventas dependen del clima?", "¿desde cuándo mis clientes son atraídos solamente por una estrategia comercial?", "¿de quién realmente depende mi éxito?".
Con esta reflexión envío un abrazo a todos mis amigos, lectores y colaboradores deseando que pasen unas felices fiestas y un grandioso año 2009 lleno de éxitos. Que tus sueños y proyectos se hagan realidad.
