Por que no nacemos sabiendo ser padres es por eso que debemos prepararnos para afrontar esta dificil y gratificante tarea que nos da la vida: el ser padres.
Una breve historia:
Cuando supe que estaba embarazada, por mi mente pasaron muchas cosas desde si iba a tenerlo o no, hasta que nombre le iba a poner, gracias a Dios decidimos tenerlo por que no habia ninguna condición opuesta como violación o sida.
Pasaron los meses y mi panza crecia y crecia llenando de esperanza nuestro hogar, comprabamos cosas para el bebe que venia en camino, su cuna, su ropita, sus zapatitos, pañales y toallitas humedas.
Cuando finalmente llegó toda nuestra familia y amigos estaban felices, hasta los vecinos. Pero debo admitir que los primeros dias no pude dormir nada solo de comtemplar a esa linda criaturita tan chiquita en mis brazos.
Pasaron los meses y ya se empezo a sentar solito, ya comia fruta y verdura, ya decia sus primeros balbuceos, ya no lloraba tanto, ya podia sacarlo a que conociera el mundo.
Siguieron pasando los meses cuando ya se paraba solo y daba sus primeros pasos, ya comia mas cosas como carne de res, pollo, pasta, ya se reia más, ya conocia las caras de los mas cercanos, y nos daba mucha felicidad a todos.
Y pasaron los meses cuando nos dimos cuenta de que ya estabamos regañando a nuestro hijo por todo lo que agarraba, lo que hacia y lo que decia, en ese momento me cayó el veinte de que no estabamos haciendo bien las cosas, de que estabamos haciendo lo mismo que nuestros padres hicieron con nosotros y nos pusimos a reflexionar acerca de eso, y decidimos ya no pegarle mas a nuetro hijo si no a elogiarlo por lo que hiciera bien y a castigarlo con algo material si hacia cosas que no nos parecieran correctas, despues de mantener este acuerdo por varios meses vimos los buenos resultados y sin enojarnos o sufrir o tener ese sentimiento de culpa por haberle pegado a nuestro hijo.
Pegarle o no pegarle es tu desición.
Aun cuando castigar a un niño pegándole es una tradición que ha pasado de generación en generación en muchas familias, la mayoría de los expertos están de acuerdo de que no es ni ha sido nunca una manera eficaz de disciplinarlos. los niños a quienes se les pega tal vez se abstienen de repetir la falta por temor a un nuevo castigo, pero obedecen sólo mientras exista ese riesgo. No quieren ni respetan a la persona que les pega. Sólo saben que por unas cosas les pegan y por otras no, pero no aprenden a diferenciar lo que está bien de lo que esta mal. que es una meta principal de la disciplina.
El castigo corporal también tiene muchos aspectos negativos. Por una parte, da ejemplo de violencia. Los hombres que les pegan a los hijos y a la mujer casi siempre han sido víctimas ellos mismos de iguales castigos en su niñes. Si a un chico que golpea a un compañero se le pregunta ¿donde aprendiste eso? es muy posible que conteste: "de mi mama (o papa)" Por otra parte, pegarles a los niños les enseña que la mejor manera de arreglar las disputas es por la fuerza y les niega la oportunidad de aprender maneras alternas y menos dañinas de actuar cuando se siente cólera o gran contrariedad. También representa un abuso del poder por parte de una persona muy grande y fuerte contra una pequeña y débil. Y puede causarle al niño graves lesiones, sin proponérselo, sobre todo si se castiga con furia. Ésta razón debería ser la principal razón para no pegarle a nuestros hijos. Pegar después de que ha pasado el enojo, aún cuando puede causar menos dáño físico, parece todavía mas cuestionable que el castigo aplicado en el calor del momento. Ciertamente es más cruelmente calculado y hasta menos eficaz para corregir el comportamiento.
Si no es conveniente que los padres les peguen a los hijos, mucho menos lo es que les peguen a otras personas. Con el papá o la mamá el niño se siente generalmente seguro sabiendo que los golpes se lo administra una persona que lo quiere, con otras personas a cuyo cuidado esté su hijo, hay que advertirles que jamás le peguen ni le administren ninguna otra forma de castigo corporal.
La mayoría de los expertos (y de los padres) estarán deacurdo en que una oportuna palmada en la mano o en las pompis puede justificarse en una situación de peligro, para hacerle llegar un mensaje serio a un niño demasiado pequeño para entender con las palabras por ejemplo: cuando se baja a la calle o se acerca a una estufa caliente y no hace caso de una advertencia. Sin embargo, una vez que se establece la comprensión, la fuerza física ya no tiene justificación alguna.
Sólo usted tiene el poder para evitar que sus niños sean maltratados sin razones justas, hagámos que nuestros niños nos respeten por ser sus padres y no sus agresores, acaso no le gustaría que solo con el poder de su mirada y una palabra obedezca su hijo, yo si y por esa razón eh decidido no pegarle más a mi hijo.
Por su atención a esta guia: Gracias! |