Cuando llega el verano nos inquieta la idea de estar bien bronceadas, muchas de nosotras pasamos mucho tiempo en el jardín o la terraza para llegar a la playa con un bronceado de envidia.
Pero para lograr un buen bronceado es necesario conocer más del sol y sus efectos nocivos que pagaremos en un futuro con una piel muy dañada y sin vida.
El bronceado es un mecanismo de defensa de tu piel frente a la agresión de los rayos solares. Con el objeto de defenderse de los rayos ultravioleta (UV), la piel se pigmenta fabricando melanina suplementaria.
Los UVC son mortales, de ahí la importancia de la capa de ozono para detenerlos; los UVB son los responsables de los eritemas o quemaduras solares; los UVA, del envejecimiento precoz.
Ten en cuenta estas sugerencia a la hora de exponerte al sol, recuerda que la protección es muy importante tu piel lo agradecerá.
Los rayos solares aceleran el envejecimiento, rebajan nuestras defensas y producen lesiones en el ADN, favoreciendo la aparición de cánceres de piel o melanomas.
A la hora de exponerte al sol, hazlo siempre con medida. El bronceado no es malo, pero sí puede serlo una exposición desmesurada a los rayos del sol. Si durante el tiempo que te expones a los UV no proteges tu piel, ésta sufrirá el desgaste de los rayos solares.
El bronceado crea una falsa confianza: al estar a salvo de los eritemas o quemaduras solares, creemos que nuestra piel puede aguantar exposiciones más largas y sin mayor protección. Esto es totalmente falso ya que los rayos solares continúan actuando a niveles más profundos de la piel.
Evita la exposición al sol del mediodía. De las 12 del mediodía a las 4 de la tarde, la incidencia de los rayos UV está al máximo nivel porque su trayecto hasta la Tierra es más corto.
Respeta tu tipo de piel. Si eres blanca, difícilmente lograrás el bronceado que obtiene una persona morena.
Cuanto más alto el nivel de protección solar mejores resultados. Por lo general, conviene utilizar un protector con factor de protección solar (FPS) alto los primeros días de exposición al sol, y cuando la piel ya esté bronceada, podrás disminuir el índice de protección. Obviamente mientras más clara sea tu piel, mayor FPS necesitarás.
Definitivamente es necesario usar los protectores solares en abundancia, que sufrir las consecuencias de no haberlo hecho. Úsalos de manera abundante, incluso al final de las vacaciones, o cuando estés paseando a la orilla del mar o comiendo en alguna terraza al aire libre.
Es importante que en los días nublados refuerces tu protección solar, pues las nubes no filtran los UVB. Pero hay que tener en cuenta la reflexión solar, que en el caso de la arena es de 25%, así que, aunque estés bajo una sombrilla o dentro del agua, es indispensable la protección.
Es necesario proteger también tus labios. Una exagerada exposición al sol puede ser causante de un herpes labial, así que prevé su aparición utilizando algún protector labial específico anti-UVA y UVB.
Aplícate una loción para la rehidratación de tu piel, además de que la refresca y suaviza. De preferencia, aplícala después del baño, cuando tu piel esté todavía húmeda, realizando ligeros masajes hasta lograr su total absorción.
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