Aunque la recepción o la fiesta sea el evento que se lleve todas las adulaciones, la noche de bodas es uno de los momentos más íntimos y esperados por los novios después del compromiso, es en pocas palabras, la noche más romántica de sus vidas.
Lencería de lujo, pétalos de rosa, vino espumoso, candelabros, fresas achocolatadas, burbujas perfumadas, aceites saborizantes, lugares paradisíacos, nada es demasiado para celebrar la tan anhelada velada. Es la culminación del noviazgo y el inicio de una nueva etapa de la vida, que debe estar cargada de un significado mágico, más allá de una aventura sexual.
La entrada triunfal de él a la habitación con la novia en brazos, no sólo es un acto de romanticismo tradicional sino un hecho que muy seguramente llenará de prosperidad y estabilidad el matrimonio. Es el primer gran paso hacia el comienzo de una vida en común.
Es importante escoger el lugar con antelación y ojalá lejos de familiares y amigos con el fin de crear la atmósfera propicia para el encuentro de los nuevos esposos. La idea es poder disfrutar al máximo de ese momento tan extraordinario, digno de ser celebrado con todas las comodidades y deseos de los novios.
La noche de bodas quedará grabada en la memoria de los novios por siempre, así que vale la pena darle la importancia que se merece. Aunque es apenas evidente que después de tantas presiones de la ceremonia, los novios se sientan un poco agotados, deben aprovechar la situación y hacer el esfuerzo de convertir esa noche en la más especial de sus vidas. |